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Había una vez un niño que se llamaba Alberto. Era un niño muy alegre y entusiasta, lleno de vida y siempre con una sonrisa en su rostro. Le encantaban las aventuras y los cuentos de hadas, y soñaba con tener un mago que le mostrara el camino de la magia.

Un día de verano, Alberto y su madre decidieron salir al bosque cercano para pasar el día. Mientras caminaban por el bosque, Alberto vio una luz brillante que provenía de una claraboya en un árbol. Alberto se acercó para ver de qué se trataba, y descubrió que era una pequeña casa de cuento de hadas.

Alberto entró en la casa, y descubrió que estaba habitada por un cuentacuentos. El cuentacuentos le contó una historia sobre un niño que una vez besó a la luna y se convirtió en un mago. Alberto se quedó fascinado con la historia y decidió que él también quería ser un mago.

El cuentacuentos le dijo que si quería convertirse en un mago, tendría que probar suerte con la luna. Alberto salió a la noche y subió a una colina para ver la luna. Estaba tan bella y brillante que se sintió atraído hacia ella. Se acercó más y más, hasta que finalmente se atrevió a besarla.

En ese momento, algo increíble sucedió. La luna se iluminó y desde el cielo comenzó a caer una luz magica. Alberto levantó los brazos y comenzó a sentir una energía mágica en su interior. Entonces, algo más inesperado sucedió.

Un hada apareció ante él y le dijo que era un regalo de la luna para él. La hada le explicó que la magia de la luna le permitiría realizar todos sus deseos. Alberto no podía creer lo que estaba sucediendo y aceptó el don con gratitud.

A partir de ese momento, Alberto se convirtió en un mago. Podía hacer todo tipo de cosas mágicas, desde hacer que un objeto apareciera de la nada hasta curar enfermedades. Y, lo mejor de todo, podía volar como un pájaro.

Gracias a su magia, Alberto vivió muchas aventuras increíbles. Se encontró con duendes, dragones, hadas y otros seres mágicos. También viajaba por todos los rincones del mundo, descubriendo culturas y curando a los necesitados.

Alberto nunca olvidó aquel beso a la luna, que le había cambiado la vida para siempre. Aprendió que todo lo que uno cree puede hacerse realidad si se cree con todo el corazón. Y ese fue su mensaje para todos los niños: para lograr algo, hay que soñarlo y, luego, poner todo el esfuerzo para hacerlo realidad.

Alberto se convirtió en un cuentacuentos, contando historias de magia y aventura para los niños. Y, al final de cada cuento, les recordaba que la magia siempre está en el corazón de cada uno. Algunos niños le agradecían el cuento con un beso a la luna, como había hecho él.

Y así fue como Alberto, el niño que besó la luna, se convirtió en un ángel de la magia y la aventura. Sus historias de amor y fantasía eran un regalo para los niños de todas partes. Y, como decía la frase que acompañaba sus cuentos: Todo lo que uno cree puede hacerse realidad si se cree con todo el corazón.