Estaba una vez una niña llamada Elisa, una niña alegre y llena de energía. Siempre andaba corriendo por el patio de su casa con su mejor amiga, Maria. Las dos siempre estaban planeando nuevas aventuras y cuentos que inventar.

Una tarde, Elisa y Maria estaban soñando con ser un topo. Se imaginaban a sí mismas en un mundo mágico lleno de aventuras y emoción. ¡Qué emocionante era!

Mientras Elisa y Maria jugaban, escucharon una voz mágica que decía: “¡Cuentacuentos infantiles para dormir!”. Las dos niñas se quedaron sorprendidas al escuchar esta frase. ¡Era como una canción de hadas!

Elisa y Maria se acercaron a la voz y vieron a una señora mayor sentada en un banco de madera. La señora tenía una gran sonrisa en el rostro. Ella les dijo: “Hola niñas, ¿quieren escuchar mis cuentos para dormir?”. Las dos niñas asintieron con entusiasmo.

La señora comenzó a contar una de sus historias. Era acerca de dos hermanos que tenían una granja y vivían allí con sus animales. Estos dos hermanos tenían muchas aventuras y todas las noches se acostaban a dormir contando cuentos.

Mientras escuchaban la historia de la señora, Elisa y Maria comenzaron a sentir que todo se volvía mágico. Se imaginaron a sí mismas como los dos hermanos de la historia, viviendo en la granja y cuidando de sus animales.

Después de escuchar el cuento, Elisa y Maria se quedaron muy dormidas. Cuando despertaron, se encontraron en una tierra mágica llena de animales. Estaban en medio de un campo de flores y había un río que rodeaba todo el lugar.

Elisa y Maria pronto se pusieron a jugar y a explorar el lugar. Se encontraron con varios animales que les contaron sus propias aventuras. Algunos les contaron sobre el pueblo de los duendes, otros sobre el reino de los dragones y otros sobre el castillo de los hadas.

Las dos niñas vivieron muchas aventuras y cada vez que se acercaba el momento de dormir, recordaban las historias que les había contado la señora. Estas historias les ayudaron a tener los mejores sueños.

Al cabo de un tiempo, Elisa y Maria regresaron a su casa. Siempre recordaban la tierra mágica y las aventuras que habían vivido. Y cada noche, antes de irse a dormir, recordaban la frase: “¡Cuentacuentos infantiles para dormir!”.